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sábado, 4 de octubre de 2008

Truequeando

Aquella mujer no paraba de pasar lista. Hacía recuento entre todos los hombres y buscaba voluntarios que se enrolaran como marineros en un viaje sin retorno al país de los sueños. Durante los días de travesía no iban a ver un sólo céntimo. Comer y beber sería su única recompensa. Eran unas condiciones duras. Claro que, por aquel entonces, niguno de aquellos hombres sabía que el lugar al que se encaminaban no era territorio de monedas, bancos y billetes. Allí seguía existiendo el famoso trueque, y alguien les estaba esperano con la intención de hacerse con su navío.Pablo

martes, 30 de septiembre de 2008

Truequeando

Era domingo, la mañana estaba ya bien avanzada y sin embargo él seguía sin arrancar. La desidia y una especie de melancolía le tenían paralizado, sin saber qué hacer. De pronto y gracias a la memoria, reparó en que una de las personas que estaba apuntada a la lista de la red de truque Zoquito echaba de menos que alguien cuidara de su perra de vez en cuando. Dos horas después, Manolo paseaba feliz por el parque de la Plata en la compañía de aquel animal misterioso, cargado de vida, y que tan buen rato le estaba haciendo pasar. Pablo

lunes, 22 de septiembre de 2008

truequeando....


Gracias a Pablo por las bonitas historias que nos cuenta




De camino a Madagascar, antes de tomar el último barco en las costas de Somalia, me llamó la atención un mercadillo de Mogadisco, que era tan simple como dos puestos enfrentados. No había más. En uno de ellos pude ver a un hombre y en el otro divisé a una mujer, lo cual me extrañó bastante, pues en países como Somalia es raro ver a las mujeres al frente de los negocios.
Tras el asombro y una breve pausa, me dirigí al puesto de la mujer, quien me pareció más atractiva y exótica que el señor de al lado. Allí, esparcidos sobre una tela desgastada y grande, encontré utensilios desconocidos, nuevos, y que no sabía para qué servían. Entonces hablamos. Yo quería saber y ella quería vender, claro.
Me explicó que todas aquellas cosas habían dado la vuelta al mundo varias veces, y que llevarlas en el equipaje era fuente de fortuna para los viajeros. Sólo Dios sabría si me estaba mintiendo o no, pero el caso es que me convenció y me vendió esta "Cajita de sueños" de la que hoy me desprendo en este Mercazoquito de Jerez.
Pablo